Me Robaron el Corazón y la Vida, novela · Capítulo 6 de 12
Capítulo 6: Benicio
"Quise conocer mi lugar", dije.
Marcial arqueó una ceja.
"¿Tu lugar?"
"El laboratorio. La placa con mi nombre."
Me dejé caer en la cama, con la respiración entrecortada.
No tuve que fingir el cansancio.
"Una enfermera amable me llevó. Dijo que no iba a pasar nada."
Marcial me estudió durante un segundo.
Después se levantó, vino a mi lado y me puso una mano en la frente.
"No debiste, Clemencia. Con tu corazón."
"Lo sé."
"Estás agotada."
"Un poco."
"Mañana te lo muestro todo. Con calma." Sonrió. "Es un proyecto hermoso. Vas a estar orgullosa."
Sacó del bolsillo una cajita de plástico.
Una pastilla blanca, redonda.
"Tu medicina de la noche."
La tomé entre dos dedos.
La puse bajo la lengua, como me había enseñado Mercedes.
Bebí agua.
Marcial esperó a que tragara.
Me besó en la frente.
"Buenas noches, mi amor."
Cuando la puerta se cerró, escupí la pastilla en un pañuelo.
La guardé en el calcetín.
Y por primera vez desde que entré a ese hospital, me dormí sin soñar.
Benicio vino el domingo por la tarde.
Traía una caja de lápices de colores y un cuaderno de dibujo.
Se sentó en el piso de mi habitación, con las piernas cruzadas, y empezó a pintar un perro.
Yo lo miraba desde la cama.
"¿Tu papá sabe que estás aquí?"
"Está en una cirugía. La tía Zulema me trajo."
"¿Y dónde está la tía?"
"Hablando con el señor de la prensa." Hizo una mueca. "Dice que tiene que verse bonita."
Sonreí.
Siguió pintando.
El perro tenía tres patas y una cola larguísima.
"Mamá."
"Dime."
"¿Por qué tienes un aparato en la panza?"
Se me paró el corazón.
Bajé la vista.
La manta se había corrido, y por la abertura del suéter asomaba el tubo gris de la bomba y una luz verde parpadeando.
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