Papi Alfa, por favor no pares, novela · Capítulo 24 de 24
Capítulo 24: El Alfa come primero
El papel que me dio la curandera era la escritura de una casa.
Una casa de adobe junto al río Urique, a las afueras de Creel, con un cobertizo largo y un patio de higueras.
Era el taller de carpintería de mi padre.
Mi madre la había conservado en secreto durante trece años, pagando el predial con su sueldo de maestra, sin decirme una palabra.
Al pie del papel había una línea escrita con su letra.
"Para que hagas tu barro donde él hizo sus mesas."
Lloré tres días.
Un año después, la casa seguía allí.
El cobertizo era ahora un taller, con un horno de leña en el patio y un cartel de madera que decía "Barro Blanco".
Había terminado la carrera en junio, con una tesis sobre vasijas de la sierra.
Me había casado en agosto, con el vestido de encaje de mi abuela.
Fue en la explanada de Cumbre Negra, delante de cuatrocientos lobos y de mi madre, que lloró desde el primer minuto hasta el brindis.
Ciro, de traje negro, se había arrodillado delante de mí otra vez.
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