Quédate Con Tu Luna Podrida, novela · Capítulo 20 de 20
Capítulo 20: Plata
La luna llena salió sobre el Valle Alto doce noches después.
Y con ella, mi lobo.
Lo sentí volver al atardecer, como una brasa que se enciende lejos y se acerca a la piel.
Primero un cosquilleo en las muñecas.
Luego un latido en el pecho.
Luego su voz, que casi había olvidado, un murmullo cálido en el fondo de mi cabeza.
"Hola", le dije en voz alta.
Estaba sola en mi cabaña, frente al espejo.
"Te extrañé."
Mi lobo respondió con un gruñido suave, contento.
Me eché a reír.
Esa noche subí a la Fuente de la Luna con la trenza suelta y un vestido de lana gris, sin joyas, sin armas.
Zacarías me esperaba en el borde de la poza.
También estaban allí Prudencio, con su brazo rígido y su bigote peinado; Nicasio, nuevo Alfa de Colmillo Rojo, con una capa de piel; y la Vidente, sentada en su piedra.
Nadie más.
Ninguna de las tres manadas.
Ningún millar de lobos.
"Esto es privado", había dicho yo.
"Muy bien", había contestado la Vidente. "Pero la Fuente no se miente a sí misma. Si no quieres testigos, serán pocos."
La poza brillaba sin necesidad de luz.
Plata líquida.
Zacarías se descalzó, y yo hice lo mismo.
Nos tomamos de las manos.
"No tienes que hacerlo", dijo él, bajito.
"Lo sé."
"Si prefieres esperar..."
"Zac."
"Dime."
"Cállate y entra."
Se rió.
Entramos juntos.
El agua nos mordió los pies, tibia esta vez, y se encendió a nuestro paso con la misma luz que la otra vez.
Pero distinta.
Más cálida, menos blanca.
Los círculos de plata se abrieron alrededor de nuestras piernas, rodaron hasta la orilla, y la poza entera se llenó de una luz suave y dorada.
"Mira", susurró Zacarías.
Sobre el agua, entre los dos, se formó una media luna de luz.
Sigue leyendo gratis con una cuenta. Empieza Quédate Con Tu Luna Podrida desde el Capítulo 1 y luego crea una cuenta gratis para leer el resto de este capítulo.