Solo por comprarle ropa, ¿es necesario divorciarte de mí?, novela · Capítulo 7 de 16
Capítulo 7: Wilkin
El jueves a las diez de la mañana tuve que ir a la Autoridad Portuaria.
Asignación de contenedores para diciembre.
Una reunión aburrida, con trece navieras sentadas alrededor de una mesa oval en una sala sin ventanas, discutiendo quién se quedaba con el muelle norte.
Llegué diez minutos antes, con mi portafolio y un traje azul marino.
Había trece sillas.
Doce estaban ocupadas.
La que quedaba libre era la de al lado de un hombre alto, moreno, de unos treinta y ocho años, con un traje de lino color arena, camisa blanca sin corbata y una barba de tres días.
Estaba leyendo un informe con las piernas cruzadas, como si la sala fuera suya.
Me senté.
"Buenos días."
Levantó la vista.
Tenía los ojos oscuros, tranquilos, de un tono que no pude nombrar.
"Buenos días, doña Massiel."
"¿Nos conocemos?"
"No personalmente." Cerró el informe. "Wilkin Brito. Naviera Brito."
Hice una pausa.
Naviera Brito era nuestro principal competidor en rutas a Europa.
Llevaba una década quitándonos contratos con sonrisas y precios bajos.
"Ah", dije. "El que me compite los fletes."
"El que le gana los fletes."
"El que me los gana cuando se descuida."
"Mi equipo no se descuida."
"Entonces no es su equipo. Es usted."
La comisura de su boca se movió.
No llegó a sonreír.
Pero casi.
La reunión empezó.
Hablamos de cuotas, de tarifas, de cronogramas.
Wilkin hablaba poco, con voz grave y pausada, y cada frase suya parecía cerrar una puerta con llave.
Yo hablaba más rápido, con datos, con cifras, con el cálculo exacto del costo por contenedor.
A la media hora, el director de la Autoridad se aclaró la garganta.
"Señores. Tenemos una discrepancia entre la naviera Brito y la naviera Pichardo y Lantigua. Ambas solicitan el mismo espacio de muelle los martes."
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