Tras el accidente: un derrumbe de amor, novela · Capítulo 11 de 12
Capítulo 11: El derrumbe
Llegué a la hacienda a las diez menos cinco, sola, en el mismo taxi.
Esta vez nadie me registró.
Los guardias de la entrada me vieron bajar, intercambiaron una mirada y me dejaron pasar.
Crucé el corredor de arcos en silencio.
Me detuve en el umbral del comedor, de espaldas a la pared, sin que nadie se girara.
Los catorce estaban sentados a la mesa larga.
Los mismos trajes oscuros, los mismos vestidos discretos, las mismas copas vacías.
En la cabecera, en su sillón de respaldo alto, el Don tenía las dos manos sobre el bastón.
Nadie hablaba.
Faltaba solo el heredero.
A las diez en punto, se oyeron pasos.
Fulvio entró por la puerta principal, con un traje gris oscuro, camisa blanca, sin corbata.
Venía recién afeitado.
Detrás de él entraron cuatro personas.
Una mujer de pelo corto, con un saco azul marino y una placa colgada al cuello.
Tres agentes de traje, con carpetas y un maletín metálico.
Los catorce se pusieron rígidos.
Una de las esposas soltó un jadeo.
"¿Quiénes son?", preguntó el Don con voz seca.
"La licenciada es la fiscal federal de delincuencia organizada", dijo Fulvio. "Los señores son agentes del Ministerio Público."
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