Tras el accidente: un derrumbe de amor, novela · Capítulo 8 de 12
Capítulo 8: Lo que no dijo
La clínica era una casa de tres cuartos en las afueras de Alvarado, con un letrero de médico general y una enfermera que no preguntaba nada.
Wences pasó la noche en una cama con la cara hinchada y tres puntos en la ceja.
Yo me quedé en el pasillo, sentada en una silla de plástico, con la ropa todavía húmeda.
Fulvio se quedó en el otro extremo.
A seis metros.
No se acercó.
No intentó hablarme.
Se sentó en el suelo, con la espalda contra la pared, y esperó.
Pasó la madrugada.
A las cinco, la enfermera me trajo un café.
Se lo llevó a Fulvio también, sin decir una palabra.
Él lo tomó con las dos manos.
No bebió.
A las seis, el cielo se puso gris azulado.
Salí al patio trasero, un cuadrado de cemento con una pila de agua y un naranjo.
Me apoyé en la pared.
Oí que la puerta se abría detrás de mí.
"No te acerques", dije.
Los pasos se detuvieron.
"No me acerco."
Me giré.
Estaba a tres metros, con la taza sin tocar y los hombros caídos.
La luz gris le marcaba las ojeras.
"Dime lo que viniste a decir", dije.
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