Tres Minutos A Oscuras, novela · Capítulo 11 de 12
Capítulo 11: Lo que faltaba
En la oscuridad total de la playa, Keila me soltó la mano para abrazarme entera.
Sin cámaras, sin reloj, sin linternas bajando por el sendero.
"Se acabó", dijo contra mi pecho. "Se acabó todo."
"No todo."
La besé.
Fue el primer beso de la semana que no tenía nada de robado.
Sus manos me recorrieron la espalda, los hombros, la nuca, como si quisieran comprobar que estaba de verdad.
Caímos sobre la arena fría, todavía vestidos, con las olas rompiendo a veinte metros.
"Llévame a la hamaca", pidió. "Quiero que la luz vuelva y me veas."
Llegamos a la cabaña con la ropa a medio quitar, riéndonos como adolescentes, dejando una fila de prendas por la terraza.
Ella se paró bajo el marco de la puerta, y las bombillas del techo se encendieron.
Eran las once y tres minutos.
Keila no se tapó.
Tenía arena en el pelo y en los muslos, el vestido enredado en la cintura, y una sonrisa que le ocupaba toda la cara.
"Por primera vez no hay prisa", dijo.
"Por primera vez."
Le saqué el vestido por la cabeza, y ella me desabrochó la camisa.
Nos quedamos desnudos en la terraza, con la luz amarilla del techo y el mar negro de fondo, y nadie que mirara.
La alcé en brazos y la llevé hasta la hamaca grande.
Se tumbó en ella, con las piernas abiertas y un pie apoyado en el suelo para mecerse.
"Antes de que empieces", dijo, "tengo que pedirte algo que nunca pedí."
"Lo que sea."
Se mordió el labio, y se le subió el color a las mejillas.
"Quiero que me amarres. Con tu camisa. No fuerte. Solo para no poder moverme."
La palabra me hizo tragar saliva.
"¿Y qué más?"
"Y que me hables sucio. Que me digas lo que me vas a hacer, y que después lo hagas."
El resto de este capítulo forma parte de la parte de pago de la serie. Los capítulos 1 a 4 de Tres Minutos A Oscuras son gratis: empieza desde el principio y desbloquea el resto con monedas en la app.