Desaparecida en el fuego, novela · Capítulo 12 de 24
Capítulo 12: La visita de Eliseo
Volvimos a Santiago en bus, de noche, sin equipaje.
Teresa nos esperaba en su departamento de Ñuñoa, un tercer piso con balcón, plantas secas y una pila de expedientes en el sillón.
Me dio una llave.
"Aquí nadie te va a buscar. Mi vecina cree que eres mi prima de Valparaíso."
"Gracias."
"No me des las gracias. Dame tiempo."
Salvador se quedó en el sofá, con una manta, y su maleta de perito junto a los pies.
Durante dos semanas fuimos tres personas viviendo en voz baja.
Teresa salía a la oficina a las ocho y volvía a las nueve.
Salvador salía a recorrer talleres de gasfitería y bodegas de ferreterías, buscando al técnico que había instalado el temporizador.
Yo me quedaba encerrada, con el cabello cortado y un pañuelo en la cabeza, revisando papeles.
Aprendí a distinguir las firmas falsas de las verdaderas.
Aprendí a reconocer el lenguaje de los pagarés y de las comisiones.
Aprendí cuánto había robado Eliseo de mi empresa en cinco años, con una calma que me hacía temblar.
El viernes de la tercera semana, a las diez de la mañana, sonó el timbre de la oficina de Teresa.
Yo estaba ahí.
Porque Teresa necesitaba que revisara una firma, y la oficina estaba vacía los viernes por la mañana.
Me metí en el cuarto del archivo, una habitación sin ventanas con estantes de carpetas y una puerta de madera con una rendija.
Escuché la voz de la secretaria.
"Doctor Cornejo, la licenciada Ibáñez lo está esperando."
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