La Dulce Leche De Mi Suegra, novela · Capítulo 9 de 12
Capítulo 9: Los libros de cuentas
La oficina de la fábrica tenía una lámpara verde, una ventana a los calderos y un escritorio de caoba del tamaño de un coche.
A las diez de la noche del sábado, Delfina y yo estábamos sentados al mismo lado, con los libros de cuentas abiertos entre los dos.
"Cuarenta empleados", dijo ella, golpeando con un dedo la página. "Algunos llevan treinta años. Aquí no hay un solo obrero que gane lo que merece."
"Entonces pónlos a ganar."
"¿Cómo?"
Le señalé la última línea del balance.
"Tienes el noventa por ciento de la empresa. Regina el diez."
"Si repartes parte de tu noventa entre los trabajadores, el voto de Regina pesa menos, y la oferta de Patricio deja de tener sentido."
Delfina me miró.
"¿Quieres que les regale la fábrica?"
"Quiero que les regales una parte. El veinte por ciento. A repartir entre los cuarenta."
"Mañana en la feria."
"Delante de toda la plaza."
Se quedó pensando.
Después se echó a reír, una risa grave y limpia que llenó la oficina.
"Cirilo se muere de nuevo."
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