La Psicología Del Buen Repegón, novela · Capítulo 2 de 12
Capítulo 2: Grupo 1104
Ulises resulta ser su adjunto y los dos terminan en el cubículo 214, hasta que alguien toca la puerta.
Entré al salón 1104 con la falda todavía húmeda por dentro y la credencial de Ulises Cordero apretada en el puño.
Me senté en la tercera fila, junto a la ventana.
Eran las siete en punto.
Él entró a las siete y cuatro, con una carpeta contra el pecho y los anteojos limpios.
Se había lavado la cara.
Se había peinado con agua.
No me miró.
"Buenos días. Soy Ulises Cordero, su adjunto este semestre."
Le temblaba un poco la voz en la palabra semestre.
Treinta alumnos de primer ingreso, todos de dieciocho años, lo miraban con los ojos pegados.
Yo lo miraba con los muslos pegados.
"Voy a pasar lista. Digan presente y den su nombre completo."
Llegó a la letra M.
"Mondragón, Anahí."
"Aquí."
Levantó los ojos por primera vez.
Fue un segundo.
Después volvió a la lista, con el cuello rojo hasta las orejas.
La clase duró noventa minutos.
Habló de cómo el cerebro aprende a confiar en el contacto de otros cuerpos, y yo anoté cada palabra, y no entendí ninguna.
Cuando se acabó, esperé a que el salón se vaciara.
Me acerqué al escritorio con la credencial en la mano.
"Se le cayó en el camión."
La tomó sin tocarme los dedos.
"Gracias."
"De nada, maestro."
Cerró la carpeta.
"Mondragón, tienes que cambiarte de grupo. Hay otros adjuntos. Yo te hago el trámite hoy mismo."
"No."
"Yo no soy así", dijo, bajando la voz. "Jamás. Llevo tres años en ese camión y nunca le he puesto un dedo a nadie."
"A mí tampoco me había pasado."
"Entonces esto fue un error."
"Un error de cuarenta minutos."
Se rio, sin querer, y se tapó la boca con la mano.
"No dormí anoche", dijo. "Terminé un artículo. Estaba medio dormido y me pegué a ti, y tú me contestaste, y yo..."
"Y usted siguió."
"Y yo seguí."
"Porque le contesté."
"Porque me contestaste", repitió, mirándome fijo. "Esa es mi regla. Si el cuerpo de la otra persona no me responde, me bajo. Es lo único que sé de esto."
"Pues le respondí."
Dio un paso hacia mí.
Después dio otro hacia atrás, hasta chocar con la pizarra.
"Mi cubículo está en el segundo piso", dijo, casi sin voz. "El 214. Los lunes no hay nadie hasta las doce."
"Me gusta saberlo."
Salió primero.
Conté hasta sesenta y salí detrás.
El 214 era un cuarto del tamaño de mi baño, con un escritorio lleno de papeles, dos libreros y una ventana que daba a un árbol.
Cerró la puerta con llave en cuanto entré.
Nos quedamos mirándonos.
"Dime qué quieres", dijo.
"Quiero que me levante la falda."
Se me acercó despacio y me tomó de la cintura.
Me besó.
Fue un beso hondo, con sabor a café y a menta, de esos que se sienten hasta en las rodillas.
Dejé caer la mochila.
Mis manos le abrieron la camisa a tirones, botón por botón, y encontré un pecho ancho con vello oscuro, caliente.
Me sentó sobre el escritorio, de un empujón, y los papeles se fueron al piso.
"Los exámenes", murmuré.
"Que se vayan al diablo."
Me levantó la falda hasta la cintura.
Se quedó quieto, mirando mi ropa interior.
El agujero.
El algodón gastado, de tantas lavadas.
La cara se me puso caliente.
"Ya sé", dije. "No me diga nada."
"Iba a decirte que eres hermosa."
"No se burle."
"No me burlo."
Se arrodilló frente al escritorio y me besó la parte interna del muslo, justo al lado de la costura rota.
Metió un dedo por el agujero y lo abrió un poco más, con cuidado.
"Me encanta", dijo contra mi piel.
"¿Qué?"
"Que el agujero ya estuviera ahí, esperándome."
Solté una risa nerviosa que se cortó de golpe cuando su lengua me encontró.
Pasó por encima de la tela, caliente, húmeda, y después por el agujero, directo a mi piel.
Me agarré al borde del escritorio.
Me lamió despacio, de abajo hacia arriba, con la boca entera, y después se dedicó al clítoris, con la punta, en círculos pequeños.
"Ulises."
"Dime maestro."
"Maestro", jadeé, y sentí que sonreía entre mis piernas.
Metió dos dedos, curvos, y apretó hacia arriba mientras me chupaba.
Se me fue la cabeza hacia atrás, contra el librero, y tiré un tomo de Piaget.
Nadie escuchó.
Mi voz se quebró en un gemido largo, sin aire.
Me vine en su boca, con los muslos apretándole la cabeza, y él no paró hasta que se me aflojó todo el cuerpo.
Se levantó, con los labios brillantes.
Yo ya le estaba abriendo el cinturón.
"Ahora usted."
"Anahí."
"Ahora."
Le bajé el pantalón y el calzón en un solo tirón.
Su verga saltó dura, gruesa, curvada hacia arriba, tan rica a la luz de la ventana que me dieron ganas de rezar.
Se la tomé con las dos manos.
Estaba ardiendo.
La sacudí despacio, con el pulgar sobre la punta mojada, y él cerró los ojos.
"Me vas a matar."
"Todavía no."
Lo guié entre mis muslos.
Se apoyó con una mano en el escritorio y con la otra me sostuvo la nuca.
Entró hasta el fondo, despacio, mirándome a los ojos.
Los dos soltamos el aire al mismo tiempo.
"Así se siente cuando nadie nos empuja", susurró.
"Es mejor."
"Es mucho mejor."
Empezó a moverse.
Lento, firme, con la cadera, de modo que el escritorio rechinaba al ritmo de cada embestida.
Le clavé los talones en la espalda para que no se apartara.
"Más fuerte."
"Aquí hay vecinos."
"Más fuerte, maestro."
Soltó una maldición ahogada y empujó duro.
El escritorio golpeó la pared con un golpe seco, una vez, y otra, y otra.
Yo me mordí el hombro para no gritar.
Él me mordió el cuello para lo mismo.
Cada embestida me llegaba hasta el vientre, con un ruido mojado y obsceno que no cabía en un cuarto tan chico.
Sentí que me venía otra vez, más hondo, más grande.
"No pares", le supliqué. "No pares, no pares."
"No voy a parar."
Me apretó la cadera, me alzó un poco, y cambió el ángulo hasta tocar justo donde tenía que tocar.
Me deshice.
Mi cuerpo entero se cerró alrededor de él y se me escapó un grito que me tapó con la boca.
Su beso ahogó mi orgasmo, y su verga latió dentro de mí, y se vino hondo, con un gemido grave y largo que sentí en el pecho.
Nos quedamos pegados, respirando, con la frente apoyada una en la otra.
Afuera, en el pasillo, sonaron pasos.
Dos golpes secos en la puerta.
"Ulises", dijo una voz de mujer. "¿Estás ahí? Necesito la llave del archivo."