Reencuentro Destinado, novela · Capítulo 6 de 16
Capítulo 6: Roca Negra
Los ancianos leyeron las ocho cartas en silencio, una por una.
Se las pasaron de mano en mano, con los labios apretados.
Yo me quedé de pie en el centro del triángulo, descalza sobre la tierra fría.
No me atreví a mirar las hojas.
Todavía no.
Cuando el último anciano terminó, el viejo alfa me miró.
Estaba pálido.
"Eladio", dijo, sin levantar la voz. "¿Tienes algo que decirnos?"
Mi padre se puso de pie.
Tenía los ojos rojos y los hombros caídos.
"Yo no las quemé", dijo.
Un murmullo.
"¿Qué?"
"Las cartas. Yo no las quemé. Nunca fui capaz."
"¿Entonces dónde están?"
Se quedó mudo.
Su mirada fue, sin querer, hacia el banco de enfrente, hacia el chal verde.
Griselda hizo como si nada.
Pero le temblaba el labio.
"Eladio", dijo la anciana. "Responda."
"No puedo. No ahora."
"Cobarde", susurró alguien, desde la ladera.
El alfa viejo golpeó la piedra con el bastón.
"El consejo se retira a deliberar."
Los tres ancianos se fueron detrás de las rocas, entre los robles.
La espera duró veinte minutos.
Adán me miraba desde su banco con unos ojos rojos de rabia y de pérdida.
Yo le sostuve la mirada, sin odio.
Cuando volvieron, el flaco traía la voz de flauta más baja.
"El consejo ha decidido, por unanimidad."
Silencio.
"Primero. La marca de la media luna es auténtica, y el vínculo de destino entre Salomé Posada y Jacinto Tamayo queda reconocido."
Mi corazón dio un salto.
"Segundo. En virtud de la ley antigua, el apareamiento arreglado entre Salomé Posada y Adán Caballero queda anulado, sin falta de ninguna de las partes."
Adán cerró los ojos.
"Tercero. La señorita Cano deberá someterse al examen de la curandera dentro de tres días."
"Es para confirmar su estado. Hasta entonces, el consejo suspende todo juicio sobre el linaje."
Griselda palideció.
"Cuarto. Eladio Posada deberá comparecer ante este consejo para explicar el paradero de las cartas."
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