Un Anhelo Sin Final, novela · Capítulo 11 de 24
Capítulo 11: La primera noche
El auto negro arrancó y se perdió por la calle empapada.
Manuel y yo nos quedamos mirando la esquina vacía.
"No lo detuve", dijo él. "Pensé que querías que lo viera."
"No sé qué quería."
"Ahora sí lo sabes."
Me giré y lo miré.
Tenía la camisa pegada al cuerpo, el pelo escurriendo agua y los ojos puestos en mi boca.
"Sube conmigo", dije.
"¿Estás segura?"
"Sí."
"Dímelo claro."
"Quiero que subas a mi cuarto, que me quites la ropa y que me hagas olvidar el apellido Larco."
Soltó el aire con una risa baja.
"Eso sí es claro."
Subimos los cuatro pisos por la escalera, uno detrás del otro, sin hablar.
Al llegar a la puerta del cuarto de la azotea, ya le temblaban las manos igual que a mí.
Entramos.
La cama angosta ocupaba casi todo el espacio.
La lluvia golpeaba el techo de calamina con un ritmo suave.
Apenas cerré la puerta, él me empujó contra ella.
Me besó con hambre, con las dos manos en mi cintura, subiendo la blusa hasta sacármela por la cabeza.
Su boca bajó por mi cuello, mordió la clavícula, siguió hasta el borde del sostén.
Lo desabroché yo misma.
Cayó al piso.
"Dios", gruñó contra mi piel. "Qué hermosa."
Le saqué la camisa mojada con los dedos torpes.
Tenía el pecho ancho, con vello oscuro y una cicatriz en la costilla.
Le pasé las uñas por el abdomen y se estremeció.
Me levantó en brazos y me dejó sobre la cama, que crujió bajo los dos.
Me quitó el pantalón y el calzón de un solo tirón, con una lentitud que me quemó.
Quedé desnuda frente a él, en la luz amarilla de la lámpara.
Sigue leyendo gratis con una cuenta. Empieza Un Anhelo Sin Final desde el Capítulo 1 y luego crea una cuenta gratis para leer el resto de este capítulo.