Aprobó El Examen Sentada En Mis Piernas, novela · Capítulo 10 de 24
Capítulo 10: Ocho mil kilómetros
Leí la carta dos veces, con el motor apagado y las manos sudadas.
"Madrid", dije.
"Un año."
Daniela miraba el parabrisas.
"Pagan todo: la colonia, la matrícula, un cuarto con una señora."
"Me la ofrecieron por el portafolio que mandé en junio."
"Pensé que nunca iban a contestar."
"¿Cuándo tienes que responder?"
"En diez días."
"Y no me dijiste nada."
"Llegó esta mañana."
"Ayer no sabía."
Se giró para mirarme.
"Iba a decírtelo hoy, después del examen, antes de que me hicieras venir a este coche."
Me abroché el pantalón.
Sentía la boca seca.
"Tienes que ir."
"No sé."
"Daniela. Es lo que querías. Es la oportunidad de tu vida."
"Yo quería muchas cosas."
"Esto es lo que merecías desde que vendías tamales en bicicleta."
"¿Y tú?"
No supe qué responder.
Ella se bajó del coche de un portazo.
Caminó entre los conos, con el vestido mal puesto y los zapatos en la mano, y yo la seguí por el asfalto.
"Daniela."
"¿Qué?"
"No te quedes por mí."
"Ya sabía que ibas a decir eso."
"Es la verdad."
"Es lo más fácil."
Se volvió, con los ojos húmedos y furiosos.
"Siempre haces lo mismo."
"Te pones serio, te vuelves razonable y decides por mí lo que es mejor."
"Primero 'no puedo, soy tu instructor'."
"Luego 'no te quedes por mí'."
"Nunca preguntas qué quiero yo."
"¿Qué quieres tú?"
"Quiero que me pidas que me quede."
"No puedo."
"Entonces que me pidas que me vaya contigo."
Me quedé quieto.
"Tengo treinta y seis años", dije.
"Un departamento chico, un Vocho, un trabajo en una autoescuela."
"No soy el hombre que le pides a una becada a Madrid."
"Eres el que quiero."
"Daniela..."
"¡Octavio!"
Su grito rebotó en el estacionamiento vacío.
Ella me empujó con las dos manos en el pecho.
Y yo, que me había pasado la vida midiendo cada palabra, la tomé de las muñecas.
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