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Aprobó El Examen Sentada En Mis Piernas, novela · Capítulo 11 de 24

Capítulo 11: Las llaves

Beatriz leyó mi carta sin cambiar de expresión.

La dobló en tres y la dejó sobre el escritorio, junto a la taza.

"Siéntese, Salinas."

Me senté.

"¿Es por la señorita Ibarra?"

"Es por mí."

"Vaya." Se quitó los lentes. "Once años en esta escuela, y es la primera vez que un instructor mío renuncia por una mujer."

"No renuncio por una mujer. Renuncio porque ella se va a Madrid y yo quiero estar donde ella esté."

"Eso suena a por una mujer."

Me quedé callado.

La directora se levantó, caminó hasta el ventanal y miró el estacionamiento donde habíamos hecho tantas clases.

"Le voy a decir algo", dijo, sin volverse.

"Yo llevé a mi esposo a Mérida hace veinte años porque le salió un trabajo mejor que el mío."

"Me costó la dirección de una escuela."

"No me arrepiento."

"Hay decisiones que uno toma una sola vez."

Se giró.

"No acepto su renuncia a fin de mes."

"La acepto en diez días, cuando se vaya su alumna."

"Y le voy a dar una carta de recomendación que le abra puertas en cualquier autoescuela de habla hispana."

"Gracias, directora."

"No me las dé. Dígale a la Ibarra que cuando regrese, lo primero que haga sea manejar mi coche."

Me estrechó la mano con una fuerza inesperada.

Salí de la dirección con una ligereza que no sentía desde la adolescencia.

Esa tarde llamé a Daniela.

"Tengo una propuesta."

"¿Qué?"

"Un fin de semana. Tú, yo, el Vocho y ninguna regla. Tú manejas."

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