La Villana Eligió al Íncubo, novela · Capítulo 9 de 16
Capítulo 9: Odette
La rendija de la puerta de acero se abrió a las siete de la mañana.
Un ojo ajeno nos miró desde fuera.
El delegado del Concilio vio una cama revuelta, a un hombre atado con cadenas, y a una mujer desnuda, sentada en el borde, con una sábana sobre los hombros.
Vivos los dos.
"Primera noche cumplida", anunció, y la rendija se cerró.
Yo exhalé.
Dionisio miró el techo.
"Suéltame", pidió.
Me puse de pie, caminé hasta el cabecero, y apoyé la palma sobre cada esposa.
Se abrieron solas, con el mismo zumbido rojo.
Las cadenas cayeron al colchón.
Él se frotó las muñecas, sin mirarme.
"Explícame qué pasó con el metal."
Dionisio se sentó en la cama, con la sábana alrededor de la cintura.
Habló mirando el suelo.
"Hace ochenta años, yo tenía una novia." Su voz sonó seca, sin adornos. "Odette. Era costurera. Humana."
"Lo oí en el Concilio."
"Mi tío no la quería. La consideraba un riesgo. Le dijo que, si de verdad era mi consorte, tenía que invocar la prueba de las tres noches." Se pasó una mano por el pelo. "Ella aceptó. Yo le dije que no. Me rogó."
Cerró los ojos.
"No teníamos cadenas entonces. No sabía lo que era capaz de hacer. La segunda noche perdí el control."
Hizo una pausa larga.
"Cuando amaneció, estaba muerta en mis brazos."
Me senté a su lado.
No dije nada.
Había un temblor en su mandíbula que me dolió más que cualquier palabra.
"Ochenta años después, firmé un contrato contigo", siguió. "El mismo día, mandé hacer las cadenas."
"Las del cabecero."
"Y las esposas. Y todo lo demás. A tu medida." Alzó los ojos por fin. "El cerrajero tomó tus muñecas de la foto del archivo del Concilio, con una escala. Las cerraduras se abren solo con tu sangre, Irene."
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