La hija de los Moretti a la que repudiaron, novela · Capítulo 4 de 24
Capítulo 4: Su pulgar sobre el pulso
La primera infusión era esa tarde y, para cuando llegamos a casa después de la recepción, ya habían empezado las náuseas.
Subí las escaleras con mi vestido de novia y cerré con llave la puerta del baño tras de mí.
Estaba de rodillas frente al inodoro, con los alfileres del dobladillo de Fiorenza clavándoseme en las piernas, cuando alguien llamó a la puerta.
—Nora.
—Vete.
—Llevas veinte minutos ahí dentro.
—Estoy bien. Vete a dormir.
La puerta hizo clic.
No sabía que se podía abrir una cerradura desde afuera con una moneda.
Matteo estaba en el umbral con la moneda en la mano.
Me miró y se la guardó en el bolsillo.
—La llave está adentro —dije—. Ese fue el trato.
—Dijiste que no te tocara. No dijiste nada de las puertas.
Habría discutido, pero el estómago volvió a revolvérseme.
Se arrodilló a mi lado, sobre las baldosas, me recogió el pelo con una mano y me lo sostuvo hacia atrás.
Volví a vomitar.
No dijo nada. Apoyó la otra mano, con la palma extendida, entre mis omóplatos y no la movió.
Cuando terminó, se inclinó por encima de mí, mojó una toallita y me la pasó. Me la apreté contra la boca.
—No me mires —dije.
—No te estoy mirando la cara. Estoy mirando la pared.
Decía la verdad. Miraba fijamente las baldosas de la pared, con la mandíbula tensa.
Me senté sobre los talones y él me soltó el pelo.
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