Capo, tu amor ya no significa nada, novela · Capítulo 16 de 16
Capítulo 16: Dormir sin esperar
Salimos a la galería envueltos en una manta, descalzos, con el pelo revuelto.
Tres lanchas grandes estaban amarradas al muelle, con los motores apagados.
Sobre las tablas, en fila, de pie y en silencio, esperaban los doce capos de la familia.
Delante de todos, con su bigote amarillo y su sombrero de ala corta, el viejo.
Nazario estaba apoyado en un pilote, con una sonrisa que intentaba disimular.
"Buenos días, patrón", dijo el viejo. "Señora."
"Buenos días", dijo Fermín.
"Le pedimos disculpas por la hora. Pero nos pareció que esto no podía esperar."
Fermín no se movió.
"Dígalo."
El viejo se sacó el sombrero.
"La mesa se reunió anoche, sin usted. Votamos."
Sentí que Fermín se tensaba a mi lado.
"Y votamos por unanimidad que usted siga en la cabecera."
Nadie respiró.
"Dijo que se gana con hechos, no con discursos. Pues los hechos llegaron antes de que los esperáramos."
Sacó un papel doblado de la chaqueta.
"El fondo de la sala de recién nacidos. Toda su fortuna personal, a nombre de su esposa y sin su nombre. Eso lo supimos por el abogado."
"Yo no se lo dije a nadie", murmuró Fermín.
"No. Pero hay otra cosa que supimos por las enfermeras."
El viejo lo miró fijo.
"Catorce meses, todas las noches a las tres, sentado con bebés ajenos. No lo contó usted. Lo contaron ellas."
Fermín bajó la vista.
"Yo perdí un nieto a las tres semanas", dijo el viejo, con la voz algo ronca. "Hace veinte años. Nadie vino a sentarse conmigo. Usted, patrón, tiene mi voto y el de todos."
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