Siete años de amor ciego, novela · Capítulo 6 de 12
Capítulo 6: El plan
El fiscal tenía una oficina del tamaño de mi trastienda y una mesa cubierta de carpetas amarillas.
Era un hombre de cincuenta y tantos años, con lentes gruesos y un bigote que se mordía cuando pensaba.
Escuchó la grabación completa.
Dos veces.
Después se quitó los lentes y los dejó sobre la carpeta.
"Esto lo tengo desde hace tres meses", dijo.
Abelardo dejó escapar el aire por la nariz.
"¿Y?"
"Y no tenía a la víctima que lo reconociera."
"Ni la voz de la secretaria identificada."
"Ahora tengo a la señora Ballesteros, que reconoce la voz de su esposo y la de Rubí Echeverz."
"Tienen abogados caros", dije.
"Los Alanís tienen abogados que me llaman a casa los domingos." Se mordió el bigote.
"Si pido las órdenes de aprehensión hoy, para mañana tendrán un amparo."
"Y el escándalo se enfría."
"¿Entonces?"
"Entonces hay que pedirlas sin que se enteren, y ejecutarlas en un lugar donde no puedan esconderse."
Abelardo me miró.
Yo sabía lo que iba a decir antes de que lo dijera.
"La gala de los sesenta años de Alanís Aceros", dijo. "En el parque Fundidora. El sábado de la otra semana."
"Mil invitados", añadió el fiscal. "La gobernadora. Los socios. Toda la prensa."
"Estarán todos reunidos", dije.
"Y con cámaras. Un amparo no detiene a un hombre delante de la gobernadora."
Se me aceleró el pulso.
"Yo tengo entrada."
Los dos me miraron.
"Cuando Federico y yo nos casamos, su papá me regaló el diez por ciento de la empresa."
"Estaba en el testamento."
"Federico nunca lo mencionó, y yo nunca lo toqué." Hice una pausa.
"Soy accionista."
"Tengo derecho a sentarme en la mesa principal."
El fiscal soltó una risita sorprendida.
"Señora, usted me acaba de dar un problema y una solución en la misma frase."
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