Tu Amor Me Quebró Las Piernas, novela · Capítulo 4 de 20
Capítulo 4: Los análisis
Llamé a las cuatro de la tarde desde un teléfono público de la estación del Metropolitano.
Contestaron al primer timbre.
"Larrea."
"Soy Mirella Salinas."
"Lo sé." Tuvo el cuidado de no pronunciar el apellido de mi esposo. "Tome un taxi, que no sea de la familia. Baje en la calle Schell. Camine dos cuadras. Encontrará un edificio de ladrillo rojo, con una farmacia en la planta baja."
"¿Y luego?"
"Suba al tercer piso. Toque tres veces."
Colgó.
Hice todo como me dijo.
El edificio era viejo, con una escalera estrecha que olía a desinfectante.
En el tercer piso había una puerta de madera sin letrero.
Toqué tres veces.
Me abrió el doctor Larrea, ya sin bata, en camisa remangada, con una taza de café en la mano.
"Pase rápido."
Era un departamento chico, convertido en laboratorio.
Estanterías con frascos, un microscopio, dos computadoras, una mesa con tubos de ensayo.
En una pared había un corcho con fotos, recortes de periódico y papelitos escritos a mano, unidos con hilo rojo.
Reconocí en el centro una foto de mi esposo.
"Siéntese", dijo.
Me senté en un banquito de metal.
Él se quedó de pie, con las manos en los bolsillos.
"Primero, una pregunta."
"Dígame."
"¿Cuánto sabe de lo que le pasa?"
"Que es un veneno."
"Eso lo sabe desde ayer. ¿Cuánto más?"
"Que lo puso mi esposo."
"Su esposo lo entregó. Lo cosió otra persona, y lo molió una tercera."
Lo dijo con tanta precisión que me di cuenta de que llevaba tiempo estudiándolo.
"¿Quién?"
"Giovanna Ferrante, con sus manos, cada mes. Doña Filomena prepara la pasta. Su esposo solo lo cuelga en su cuello."
Me quedé quieta.
"¿Por qué me ayuda?"
Larrea se acercó al corcho, y señaló una foto vieja, en blanco y negro.
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