El Arrepentimiento del Alfa: Recuperando a Mi Compañera Humana, novela · Capítulo 7 de 20
Capítulo 7: Un lobo sin manada
Esa noche no vino nadie.
Rosario nos lo explicó con la boca llena de pan.
"Gaspar necesita que la manada confirme su cargo con una votación."
"Son tres días."
"Hasta entonces no puede mover a nadie sin que lo acusen de abuso de poder."
Tragó.
"Tiene que portarse bien."
"Es lo único que le sale mal."
"Entonces tenemos tres días", dije.
"Tienen tres días."
Ezequiel no dijo nada.
Estaba sentado en el escalón de la cocina, descalzo, con la herida vendada y la mirada fija en el suelo.
Hacía una hora que no se movía.
"Tú." Rosario le tiró un delantal en la cara. "Ya estás sano. Eres un lobo, en una semana andas corriendo. ¿Sabes hacer algo útil?"
"Sé luchar."
"¿Sabes cortar leña?"
"Con las garras."
"Con un hacha."
"No."
"¿Sabes cocinar?"
"Pedía lo que quería."
"Qué maravilla."
Rosario se cruzó de brazos.
"Los alfas no saben ni freír un huevo."
"Pues vas a aprender."
"Aquí el que no trabaja no come."
El segundo día lo vi partir leña.
Salí al patio con una taza de té, envuelta en el chal, y me quedé en la puerta.
Ezequiel estaba frente a un tronco enorme, con el hacha al hombro y la camisa remangada.
Respiró hondo.
Levantó el hacha con las dos manos y la dejó caer.
El hacha rebotó contra el tronco, se le escapó de las manos y salió volando hacia la leñera.
Una gallina cacareó escandalosamente.
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