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El Hockeyista Fingió Amarme y Elegí a Su Rival, novela · Capítulo 2 de 24

Capítulo 2: El hijo de un héroe

Dalton y Odessa le piden que adopte a Linus, el supuesto huérfano de un soldado. Linus le dice mami a Odessa.

Llegué a la casa de Cherry Hills antes que ellos.

Era una casa grande, de ladrillo blanco, con un garaje para cuatro autos y un jardín que otro pagaba para mantener.

Yo había vivido ahí tres años y no había una sola cosa en esas paredes que fuera mía.

Subí al cuarto, saqué la maleta del clóset y empecé a llenarla.

Ropa interior, jeans, mis dos batas de médica, el estetoscopio que me regaló mi padre cuando terminé la residencia.

Estaba cerrando la cremallera cuando oí el motor en la entrada.

Bajé con la maleta en la mano.

Dalton y Odessa entraron juntos, sin tocar el timbre, como siempre.

Eso me dio rabia.

Esa casa nunca fue de ella, y aun así Odessa entraba con la confianza de quien sabe dónde están los vasos.

"Siéntate, Thora", dijo Dalton. "Por favor."

"Prefiero estar de pie."

Odessa dejó su bolso de cuero sobre la mesa del comedor y juntó las manos.

"Vamos a ser honestos, que es lo mejor para todos."

"Qué raro. Hoy sí quieres ser honesta."

Dalton se frotó la cara con las dos manos.

"Escucha. Lo de Las Vegas fue un error de trámite. No quise lastimarte. Pensé que lo arreglaríamos después."

"Un error de trámite que tú sabías."

"Lo sabía", admitió. "Y nunca encontré el momento de decirlo."

"Seis años de estar casado con ella y nunca encontraste el momento."

Odessa levantó una ceja, pero no me contradijo.

"Tengo que pedirte algo", dijo Dalton, como si no me hubiera oído. "Algo importante. Por Linus."

"Otra vez ese nombre."

Odessa sacó una carpeta y la abrió sobre la mesa.

Había una foto de un niño pequeño, de cuatro años, con el pelo castaño revuelto y una sonrisa con un hoyuelo.

"Linus es el hijo de un sargento", explicó con voz suave. "El mejor amigo de Dalton, un soldado que murió en una misión. No tenía familia. Dalton le prometió que cuidaría a su hijo."

Miré la foto.

"No sabía que Dalton tuviera un amigo soldado."

"Nunca hablamos de eso", dijo Dalton. "Me dolía demasiado."

Era mentira.

Lo supe por cómo le subió el cuello de la camisa cuando lo dijo, igual que cuando se saltaba la fisioterapia y me juraba que ya había hecho los ejercicios.

"El Fondo Héroes de Guerra quiere que Dalton sea la cara de su campaña de este año", continuó Odessa. "Un padre adoptivo, con una esposa, un hogar estable. Una familia. Es mucho dinero, Thora. Para él, para el equipo."

"Y para ti", dije.

Sonrió, sin enojo.

"Y para mí. Soy su representante."

"Eres su esposa."

"Eso nadie lo sabe."

Dalton dio un paso hacia mí.

"En la prensa tú sigues siendo mi esposa. Nadie tiene por qué enterarse de lo de Las Vegas. Solo tienes que firmar la tutela de Linus. Después lo arreglamos todo, te lo prometo."

Lo miré fijamente.

"Quieres que adopte a un niño contigo, a nombre de un matrimonio que no existe."

"Quiero que lo cuides", corrigió. "Eres buena con los niños. Eres buena con todo."

"Soy buena con todo", repetí.

Eso me lo había dicho muchas veces.

Soy tu mejor fichaje, nena, mi médica, mi paz.

Nunca me dijo mi esposa de verdad.

"Y tú, Odessa", dije. "¿Tú qué vas a ser en esa familia?"

"La tía Odessa. Una amiga de la familia que ayuda con todo."

Dijo "tía" con tanta facilidad que me heló la sangre.

En ese momento sonó el timbre.

Odessa miró su reloj de oro.

"Es la niñera. Traje a Linus para que lo conozcas hoy mismo."

Abrió la puerta sin esperar mi respuesta.

Una mujer entró con un niño de la mano.

Era pequeño, con un abrigo azul demasiado grande y los zapatos mal abrochados.

Se detuvo en el vestíbulo y miró la casa con ojos enormes.

Tenía el hoyuelo de la foto.

También tenía algo más, que la foto no mostraba.

Una ceja izquierda ligeramente torcida hacia arriba, como si estuviera preguntando algo.

Yo conocía esa ceja.

La había besado cada mañana durante tres años.

Dalton se puso rígido a mi lado.

El niño soltó la mano de la niñera.

Cruzó el vestíbulo corriendo, con los zapatos sueltos, y se abrazó a las piernas de Odessa.

"Mami", dijo.

El silencio duró un segundo entero.

Odessa le puso una mano en la cabeza, sin mirarme.

"Linus, mi amor, te dije que hoy no."

Yo miré la ceja torcida del niño, y después la de Dalton.

"Un huérfano", dije muy despacio. "Hijo de un soldado."

Nadie contestó.

El niño levantó la cara hacia mí con su pregunta torcida.

"¿Tú eres la señora que va a ser mi mamá?"

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