Me Torturó por Su Hermana, novela · Capítulo 3 de 12
Capítulo 3: Dos rayas
Tatiana descubre que está embarazada, y Marlon cierra la puerta con llave.
Volví a casa con la prueba en el fondo del bolso y una decisión a medio tomar.
Podía no decírselo.
Podía esperar a la cita con la ginecóloga, hacerme los análisis a escondidas y contarlo cuando todo estuviera seguro.
Pero Marlon abrió la puerta del departamento antes de que yo metiera la llave.
Llevaba un delantal, una cuchara de madera en la mano y la sonrisa de las mejores semanas.
"Llegaste justo. Hice encebollado."
"Qué rico."
"¿Dónde estabas?"
"En la farmacia."
"¿Te sientes mal?"
"No. Un poco de dolor de cabeza."
Me quitó el bolso de la mano, y lo dejó sobre el aparador sin mirarlo.
Respiré aliviada.
Cenamos en la mesa del comedor, con una vela y un vino sin alcohol que él había comprado "por si acaso".
Me pareció una frase extraña.
"¿Por si acaso qué?"
"Por si acaso estás tomando algo."
"No tomo nada."
"Qué bueno."
Sonrió.
Yo bajé los ojos al plato.
Después de la cena, mientras él lavaba los platos, saqué la prueba del bolso y la miré por última vez.
Dos rayas.
Me temblaron las manos.
Pensé en un niño con mis ojos, con las manos de Marlon, con la risa suave de Cristina.
Sentí una alegría ancha y un miedo igual de ancho.
"Marlon."
"Dime."
"Ven."
Salió de la cocina secándose las manos.
Le tendí el test.
Lo tomó con dos dedos, como se toma un objeto muy frágil.
Lo miró.
Se quedó quieto.
Pasaron cinco segundos largos.
"Estás embarazada."
"Sí."
"¿De cuánto?"
"No sé. Ocho semanas, quizá. Todavía no fui al médico."
Marlon levantó la cabeza.
Sonreía.
Pero la sonrisa llegó a los labios y no a los ojos.
Tenía una mirada fija, brillante, sin parpadear.
"Un hijo", dijo.
"Sí."
"Mío."
"Nuestro."
"Nuestro."
Me abrazó.
Me estrechó contra su pecho con una fuerza que casi me cortó el aire.
Sentí su respiración agitada en mi pelo.
"Marlon, me aprietas."
"Perdón."
Me soltó, pero siguió con las manos en mis hombros.
"Es una bendición", murmuró. "Después de todo lo que pasó."
"Sí."
"Mi hermana se habría puesto tan feliz."
Algo me recorrió la nuca.
Un frío pequeño, rápido, como una gota helada.
"Sí", dije.
"Va a ser un niño."
"No sabemos."
"Lo sé yo."
Sonreía todavía.
Me acarició la mejilla con el pulgar.
Esa noche me acosté temprano, agotada por la emoción.
Marlon se quedó en el estudio, haciendo llamadas.
Oía su voz a través de la pared, grave y pausada.
No distinguía las palabras.
A las dos de la madrugada me desperté con sed.
La cama del lado de él estaba vacía.
Me levanté y fui a la cocina descalza, en la oscuridad.
Pasé frente al estudio.
La puerta estaba entreabierta y la luz de la lámpara dibujaba una línea amarilla en el pasillo.
Marlon estaba sentado ante el escritorio, de espaldas, con el teléfono en la oreja.
"Sí", decía en voz baja. "Está embarazada."
Una pausa.
"No. Todavía no sabe nada."
Otra.
"Es mejor ahora que después. Cuando esté de cinco meses es más difícil."
Se me heló la sangre.
Retrocedí un paso.
El piso crujió.
Marlon se quedó callado de golpe.
Giró la cabeza.
Nos miramos a través de la rendija de la puerta.
Sus ojos, en el reflejo amarillo de la lámpara, eran dos hoyos negros.
"Tati", dijo, con una suavidad perfecta. "¿Qué haces despierta?"
"Sed."
"Ven. Te sirvo agua."
Se levantó.
Colgó el teléfono con un gesto casual.
Caminó hacia mí.
Cuando llegó a la puerta, me miró de arriba abajo.
"Estás pálida."
"Debe ser el embarazo."
"Debe ser."
Me tomó del brazo, con suavidad exquisita, y me llevó a la cocina.
Me sirvió un vaso de agua.
Lo bebí con la mano temblorosa.
Se quedó mirándome beber.
Cuando terminé, me dio un beso en la frente.
"Duerme, mi amor. Mañana va a ser un día largo."
"¿Por qué?"
"Porque tenemos que hablar."
Volví a la cama.
No dormí.
A las seis y media, en cuanto sonó el despertador, oí cómo Marlon se levantaba, se vestía y salía del cuarto.
Escuché sus pasos hasta la puerta de entrada.
Después, el chasquido de una llave.
Me levanté.
Fui descalza hasta el pasillo.
Giré el picaporte de la puerta principal.
No cedió.
La habían cerrado desde afuera.