Tras el accidente: un derrumbe de amor, novela · Capítulo 4 de 12
Capítulo 4: Un nombre nuevo
Llegué a Oaxaca con una mochila, el pelo corto y el nombre de mi madre.
Wences me dejó en la central de autobuses, a las seis de la mañana, con un abrazo torpe y una instrucción.
"No me llames. Yo te busco."
"¿Y si te pasa algo?"
"Ya me pasó." Sonrió con tristeza. "Estoy muerto."
Caminé hasta el centro con un papel arrugado en la mano.
Era la dirección de una fonda en la calle de Tinoco y Palacios, que un primo suyo le había recomendado.
Doña busca ayudante de cocina. Con experiencia. Que no hable mucho.
Encontré el local en una esquina, con un toldo verde, seis mesas de madera y un olor a chile guajillo que me hizo salivar.
Detrás de la barra, una señora de unos setenta años, con delantal de flores y trenzas blancas, picaba cebolla a golpes.
Alzó la vista.
"Ya cerré para la comida", dijo. "Vuelva a las doce."
"Vengo por el anuncio."
Me miró de arriba abajo.
Los tenis nuevos, la mochila, las ojeras.
"¿Cómo se llama?"
"Marina."
"¿Marina qué?"
"Aguirre."
"¿De dónde?"
"De Tuxtepec."
La señora dejó el cuchillo.
"Mijita, todas llegan con un cuento. Unas vienen huyendo de un marido, otras de la miseria, otras de ellas mismas." Se limpió las manos en el delantal. "Yo no pregunto. Pero a la primera mentira, se va."
"No miento."
"Entonces tampoco diga la verdad en voz alta, que aquí las paredes oyen."
Me señaló una olla enorme sobre la lumbre.
"Pruebe ese mole. Si le falta algo, me dice qué."
Tomé una cuchara de madera.
Sigue leyendo gratis con una cuenta. Empieza Tras el accidente: un derrumbe de amor desde el Capítulo 1 y luego crea una cuenta gratis para leer el resto de este capítulo.