Cincuenta Mil Razones para Vengarme, novela · Capítulo 7 de 12
Capítulo 7: Amílcar
No intenté esconderme.
Me quité la peluca delante de Hilario, despacio, y la dejé sobre el mantel de lino.
El pelo castaño me cayó sobre los hombros.
Hilario palideció.
"La señorita Garmendia", dijo en un hilo de voz.
Jéssica, a medio camino de la cortina, se giró.
Me miró.
Miró la peluca.
Miró el collar de perlas, y la cámara diminuta que brillaba entre ellas.
Todo el color de la cara se le fue de golpe.
"Dame eso", dijo.
"No."
"Hilario, quítale eso."
Hilario dio un paso hacia mí.
El actor se levantó de su silla.
"Con cuidado, amigo", dijo en su acento argentino. "Soy un hombre pacífico, pero esta noche me pagaron como si fuera valiente."
Hilario se detuvo.
En el salón ya no quedaban más que cuatro mesas ocupadas.
Los comensales miraban el reservado con la boca abierta.
"Quiero ver a mi hermano", dije.
"Está en la cocina."
"Llámalo."
"No voy a llamar a nadie."
"Entonces voy yo."
Crucé el salón con las perlas en una mano y el bolso en la otra.
Jéssica me siguió a zancadas, con los tacones golpeando el piso.
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