Desaparecida en el fuego, novela · Capítulo 14 de 24
Capítulo 14: La grabación
Priscila llegó al departamento de Teresa dos noches después, a las doce, con el niño dormido en un portabebés y un bolso de pañales colgado del hombro.
Tenía el pelo suelto.
No se había peinado.
No se había maquillado.
Los ojos, rojos, brillaban como cristales.
Se quedó de pie en el umbral, mirándonos a los tres: a Teresa, a Salvador, a mí.
"Pasa", dije.
"Si pasa y es mentira, me muero."
"No es mentira."
Entró.
Se sentó en el sillón con el niño en brazos.
No quiso té.
No quiso agua.
Sacó de su bolso un frasco de vidrio ámbar con una etiqueta que decía "Vitamina C".
Lo puso sobre la mesa.
"Estaba en el maletín de Eliseo", dijo. "Dentro de una bolsa con cierre. Con otras cuatro."
Salvador lo recogió con un guante de látex.
Abrió el tapón.
Olió.
Me miró.
Asentí.
"Hice más", dijo Priscila. Se limpió la nariz con el dorso de la mano. "Ayer cené en casa de mi padre. Con Eliseo. Les pedí que se quedaran después de la cena, para hablar de cosas de la clínica. Dije que tenía que ir a acostar al niño y me fui al cuarto de arriba."
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