Me ignoró 304 veces: me divorcié, novela · Capítulo 4 de 12
Capítulo 4: La bata
Jimena entró al departamento como si fuera suyo.
Dejó el bolso sobre el sofá, se quitó los zapatos de taco sin mirar alrededor y gritó hacia el pasillo: "¡Amor, ya llegué!"
Nadie respondió.
Yo estaba parada en la puerta de la cocina, con la tetera de mi abuela en las manos.
Ella tardó tres segundos en verme.
Se quedó inmóvil, con una mano en el pelo y la sonrisa a medias.
Después vio la maleta abierta junto al dormitorio, y la sonrisa se le volvió completa.
"Ay, Pía", dijo. "No sabía que estabas aquí."
"Es mi casa."
"Ya no por mucho."
Caminó hasta el baño del pasillo sin pedir permiso.
La oí abrir la puerta del armario.
Cuando volvió, llevaba puesta mi bata de seda color marfil, la que me había regalado mi mamá antes de morir.
La había comprado con su último sueldo.
Jimena se la ató a la cintura con un movimiento lento, mirándome a los ojos.
"Es cómoda", dijo. "Emilio dice que me queda mejor que a ti."
Dejé la tetera sobre la isla.
Me di cuenta de que ya sabía lo que iba a hacer.
No iba a gritar, no iba a llorar y no iba a pegarle.
Sentía todo el cuerpo tranquilo, como el mar un minuto antes de la marea.
"Quítatela", le dije.
"No."
"Esa bata era de mi madre."
"Entonces tu madre tenía buen gusto."
Fui hasta ella, la tomé de la solapa con una mano y de la manga con la otra.
Y le abrí la bata con un tirón seco, antes de que pudiera retroceder.
Debajo llevaba un conjunto de encaje rojo, nuevo, con la etiqueta de una tienda de Santiago todavía colgando de la cadera.
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