Y al final, la bruma se disipó, novela · Capítulo 6 de 24
Capítulo 6: El impermeable amarillo
"Buenos días", dijo el hombre del impermeable. "Perdone que golpee tan fuerte. Pensé que la casa seguía vacía."
El perro se sentó a mis pies y me olfateó los zapatos.
"Buenos días."
"Soy el vecino de al lado. Danilo Arriagada."
Señaló con la barbilla una casita azul, con el techo lleno de redes enrolladas, que apenas se veía entre la niebla.
"Vi luz anoche y me asusté. Hace tres años que nadie vive aquí. Me dio por pensar que era un ladrón, o la abuela volviendo."
"Es mi abuela. La casa era suya."
"¿Era?"
"Murió hace un año."
"Lo siento."
"Gracias."
"¿Usted es la nieta que se fue a Santiago?"
"Sí."
"Javiera, ¿verdad?"
Lo miré sorprendida.
"Mi tía me contó todo el pueblo en la primera semana que llegué. Dice que usted dibuja flores."
"Plantas. Ilustración botánica."
"Eso."
Sonrió con toda la cara, con una sonrisa que arrugaba los ojos color miel y le dejaba al descubierto un diente ligeramente torcido.
Era alto y flaco, de pelo rizado oscuro y barba de dos días, con las manos grandes y manchadas de barro.
Debía tener unos treinta y cinco años.
"Tengo una mala noticia", dijo. "La cañería del patio se rompió con las lluvias de la semana pasada. Si quiere puedo repararla. Me llevo veinte minutos."
"No quiero molestar."
"No es molestia. Estoy en vacaciones de mí mismo."
"¿Cómo?"
"Es un chiste malo. Trabajo aquí, pero a veces parece que descanso."
"¿Qué hace?"
"Atrapanieblas."
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