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Reencuentro Destinado, novela · Capítulo 8 de 16

Capítulo 8: Ocho cartas

Leí las ocho cartas sentada en el suelo, con la espalda contra la cama y una piel sobre los hombros.

Afuera empezaba a clarear.

Jacinto dormía a mi espalda, con un brazo colgando del colchón.

No quise despertarlo.

Quería estar sola con su letra.

La primera era corta.

"Salomé: Hoy cumples años y yo cumplo un año sin saber de ti."

"No te escribo para pedirte nada. Solo para que sepas que tu cumpleaños sigue siendo un día que me importa."

"Si algún día quieres contestar, me encuentras en la roca grande del río. J."

La segunda, un año después.

"Salomé: Te vi de lejos en la feria de abril. Ibas con tu padre y con un muchacho rubio."

"Tuve ganas de acercarme. No lo hice. Me da vergüenza. J."

La tercera.

"Salomé: Hoy mi madre me preguntó si hay alguien. Le dije que sí."

"Le dije que se llama Salomé. Se rio y me dijo que ya lo sabía. J."

Se me nublaron los ojos.

La cuarta, la quinta.

Cartas pequeñas, sin dramatismo.

Un lobo que contaba cómo le fue el invierno, cómo murió un perro viejo, cómo reparó el tejado de una casa.

Cada una terminaba igual.

"Si algún día quieres contestar, estaré en la roca grande."

La sexta tenía una mancha de agua en una esquina.

"Salomé: Hoy supe que te vas a casar con Adán Caballero. Mi madre me lo dijo con cuidado."

"Pasé la noche en el monte. No me enojo. No tengo derecho."

"Pero si un día sientes que no es lo tuyo, sabe que yo no cambié. J."

Tuve que dejar la hoja en el suelo.

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