Ante la traición, me casé con el padrino, novela · Capítulo 3 de 12
Capítulo 3: Visitas
Adalberto va a buscarla a la escuela y Gabriela conoce a Verónica. Gabriela le susurra algo inesperado.
Al día siguiente no esperé a que Adalberto me pasara a buscar.
A las ocho de la mañana ya estaba en la escuela.
Llevaba el pelo recogido, una blusa blanca y una maleta de cuadernos de segundo grado.
Había dormido tres horas en la suite del hotel, con el vestido colgado de la puerta del baño.
Fabricio se había ido a su casa del Cerro San Pedro al amanecer.
Había dejado una nota bajo la puerta, con la promesa de llamarme a las nueve.
Su mensaje había llegado a las seis.
"¿Dormiste? Si no, no pasa nada. Aquí estoy."
Lo guardé en el teléfono con una sonrisa que no me esperaba.
A las diez, los niños salían a recreo.
El patio se llenó de gritos, de pelotas, de risas.
Yo vigilaba en la puerta, con el cuaderno de asistencia contra el pecho.
Entonces vi el auto.
Un sedán plateado frenó frente a la reja.
Adalberto bajó, abrió la puerta del copiloto y ayudó a bajar a Gabriela con una mano en el codo, como si fuera de cristal.
Gabriela miró el patio con ojos redondos.
"Qué bonito", dijo.
Adalberto la guió hacia mí.
Yo no me moví.
"Vero", saludó, con su sonrisa de siempre. "Buenos días. Te dije que a las diez."
"Te dije que iba a trabajar."
"Tienes dos días de licencia."
"No pedí licencia."
"No importa. Gabriela quería conocer tu escuela."
Miré a Gabriela.
Era menuda, con el pelo castaño tan corto que parecía de varón, los ojos verdes enormes y una timidez que le encogía los hombros.
"Hola", dijo. "Perdona que venga así. Beto me dijo que eras maestra y a mí siempre me gustaron los niños."
"Hola, Gabriela."
"Gabi."
"Gabi."
Sonrió, aliviada.
Adalberto se puso a mi lado.
Habló bajito, con la voz de quien arregla un asunto.
"Mira, Vero. Ya pasó la fiesta. La ceremonia estuvo preciosa. Gabriela se emocionó y se sintió tranquila. Ahora hay que seguir adelante."
"Esta semana firmamos tú y yo en el Registro Civil, como acordamos."
"No acordamos nada."
"Vero."
"Estoy casada, Adalberto."
Soltó una risa corta.
"Ya, ya. No empieces."
Abrí mi cartera.
Saqué un papel doblado en cuatro.
Lo extendí frente a él.
Era una copia certificada del acta de matrimonio, con sello del Registro Civil, con la fecha de ayer.
"Verónica Cuéllar y Fabricio Lemus", leí en voz alta. "Casados por el juez, ante dos testigos."
Adalberto leyó el papel.
Lo leyó otra vez.
La sonrisa se le fue cayendo por partes.
"Esto es una broma."
"No."
"Fabricio no pudo..."
"Fabricio me dijo claramente en el altar que era legal. Yo firmé sabiendo."
"Estás loca."
"Tal vez."
"¿Por qué hiciste algo así?"
"Porque me pediste que fuera generosa."
Me tomó del brazo con fuerza.
"Escúchame..."
"Suéltame."
"Vero, esto lo arreglamos. Se anula."
"Si se anula, lo decido yo."
"No puedes..."
"Adalberto", dijo una voz suave.
Gabriela estaba parada a su lado, con la cabeza ladeada.
Había visto cómo me tomaba del brazo.
"¿Por qué le haces daño?"
Adalberto me soltó como si el brazo quemara.
"No le hago daño, Gabi. Es una discusión de adultos."
"Pero ella tiene los ojos rojos."
Adalberto me miró.
Yo bajé la vista.
Era cierto.
"Voy a hablar con ella un momento", dijo Gabriela con una decisión que me sorprendió. "Entre mujeres. Tú espera aquí."
Adalberto dudó.
Después levantó las manos.
"Cinco minutos."
Gabriela me tomó de la mano.
Me llevó hasta el baño de maestras, un cuartito con tres lavabos y un espejo roto en una esquina.
Cerró la puerta.
Se apoyó en ella.
"Perdona", dijo. "No quise meterme."
"No pasa nada."
"Pero me di cuenta de que algo no está bien."
"Gabi..."
Me miró fijo, con sus ojos verdes sin sombra.
"Verónica."
"Dime."
"Yo no creo que Beto me ame."
Se me detuvo el corazón.
"¿Qué?"
"No sé por qué lo digo. No me acuerdo de mucho."
"Me despierto en la clínica y él está ahí con flores, con una sonrisa."
"Todos me dicen lo bueno que es, lo mucho que me cuida."
Se pasó una mano por el pelo corto.
"Pero cuando me mira, mira como si le doliera algo. Y cuando creo que no lo veo, hace cosas con su teléfono. Las esconde."
La miré.
"Hay algo que no me quieren decir", susurró. "Y tú lo sabes."